Formación en crecimiento personal y grupal para empezar el viaje TEAL

«Las 160 personas que somos en Deluz y Compañía dedicamos enero, febrero y marzo a formarnos intensamente en crecimiento personal y grupal. No podíamos reunir al equipo completo del restaurante porque habríamos tenido que cerrar ese día y perdíamos demasiada facturación, así que nos turnamos y compartimos la jornada de ocho horas con compañeros de otros locales. Era también una oportunidad para convivir y conocerse mejor»

Lucía Zamora y David Muñoz

‘Funcionamiento grupal y gestión de proyectos: roles, poder y liderazgos’, ‘Prevención y gestión de conflictos’, ‘La gestión emocional personal y grupal’, ‘Herramientas para una comunicación eficaz’, ‘Toma de decisiones y participación para unas reuniones eficaces’ son los títulos de los cinco talleres a los que asistimos todos con Miguel.

Los cursos gustaban y la gente se sentía, en general, agradecida de asistir. Muchos comentaban que, además, les servía para su vida personal. Al principio surgieron algunos problemas porque el formador/facilitador permitió que los asistentes a los cursos tratasen temas concretos del trabajo o conflictos existentes y se armó un poco de revuelo y se generaron mayores conflictos. Pusimos un límite: en estos cursos no se iba a hablar de asuntos concretos porque era una formación pensada para adquirir conocimientos y herramientas para convivir mejor y evitar o solucionar conflictos, y una vez acabada la formación empezaríamos a abordar los problemas.

A medida que pasábamos por los cursos, yo iba notando cómo mejoraba la energía grupal.

En Celso y Manolo, por ejemplo, donde había muchas quejas de los compañeros, críticas a las espaldas y no había muy buen ambiente, me llegaron a contar en una reunión de feedback de grupo que estaban en fase de enamoramiento grupal y que era una maravilla trabajar así. Que el trabajo, en vez de quitarles energía, se lo daba. Al escuchar aquello, alabé aquellos cursos.

Hay dos ejemplos de este restaurante muy interesantes. El primero es sobre Flor, la encargada, una chica de 26 años. Se encargó de la apertura del Café Nuncio y en este período se le atragantó un compañero camerunés, Rodríguez, que empezó en otros restaurantes con buena trayectoria y actitud, pero sin formación. Se bloquearon por su mala comunicación, por cómo se decían las cosas, por cómo se las tomaban. Y según Flor, había que echar a Rodríguez, quien llevaba un año formándose y trabajando en la empresa. 

Rodríguez se fue a trabajar a Celso y Manolo y Flor me escribía todos los días para que le echara. Una noche le pedí que, por favor, tuviera paciencia e interiorizara los conocimientos que aprendíamos en los cursos. Al poco tiempo me escribió un mensaje en Slack para contarme que se había sentado a hablar con Rodríguez y que, después de una hora charlando, se habían dado un fuerte abrazo y había pensado en ese momento que era cierto que los cursos servían para algo. 

El segundo ejemplo es sobre Raquel, camarera en Celso y Manolo, quien lleva trabajando en la tasca desde su apertura. A veces chocaba mucho con Flor y no se llevaban demasiado bien, pero con los cursos y los cambios de energía, su convivencia ha mejorado, se llevan muy bien. Y es importante porque son dos personas clave para que fluya el restaurante y el equipo.

Por otra lado, en La Carmencita, que es un restaurante donde había mucho estrés y la convivencia desgastaba mucho, el estado emocional ha mejorado mucho con los cursos y en su autoevaluación grupal han expresado que estaban a gusto trabajando juntos y el equipo estaba muy unidol

David Muñoz

Siempre he pensado que los talleres de Miguel nos han ayudado mucho a desarrollarnos, tanto en lo personal como en lo profesional. Unido al carácter de los puestos gestores de la empresa —más orientado al crecimiento, a la cercanía, a la empatía en el trabajo, a conocer el negocio desde dentro y, sobre todo, al hecho de dar valor a las personas que forman el equipo—, los cursos han permitido que se produzca una transición.

Se ha reducido infinitamente el ego. Es una especie de selección natural. En la actualidad observamos cómo los equipos son más participativos y los líderes de cada local dejan espacios para que sus equipos crezcan. A su vez, las figuras que se adaptan menos al cambio, las que podrían haber dañado el equipo, se han dado cuenta de que su fuerza se basaba en que eran conocedores en exclusiva de la información y con eso intimidaban al equipo y la distorsionaban a su favor para que sus deficiencias individuales no vieran la luz. Esta figura no encaja con el grupo y, poco a poco, han sabido transformase o encontrar su sitio fuera de la empresa.

Los cursos han ayudado mucho a que florezcan talentos. Y, en concreto, lo han hecho de dos maneras: han emergido los liderazgos naturales entre los trabajadores que han derribado los muros que existían anteriormente; y entre los gestores y los que estamos en puestos de responsabilidad, han ayudado a que aprendamos y podamos delegar nuestras tareas diarias. 

A nivel personal, creo que el talento siempre estuvo ahí. Sin embargo, el gran cambio reside en la comunicación interna. Hemos conseguido acabar con los malos entendidos en general, que generaban conflictos y malas formas. A mí me gusta mucho compartir la información de la que dispongo; ahora que llegue a las 160 personas del grupo es mucho más fácil, efectivo y directo. 

Además de esto, he ido haciendo pequeños y simples cambios, como son utilizar siempre palabras que generan identidad de grupo, plurales principalmente.